Me acostumbraste a tu presencia, a tu risa, a tu compañía, te volviste parte importante de mi vida, y de pronto ya no estabas, ¡lo sé!, sé que me sabía las reglas desde el principio, pero tus actos nunca concordaron con tus palabras... y ahora tus palabras no concuerdan con tus actos.
-No pasa nada- me dices, sin embargo, no puedo verte a los ojos y pregúntartelo porque te escondes de mi presencia, comencé a ver las odiadas palomitas azules en la pantalla sin obtener respuesta, dejé de ser parte de tus días, ya no estaba incluida en tus planes. ¡Lo sé, lo sé! Esto podía pasar en cualquier momento.. pero ¿así? ¿Sin una despedida? ¿sin explicaciones?
¿En qué momento te diste cuenta que no valía la pena? ¿Por qué de repente era más fácil poner excusas que buscar maneras? Cualquiera hora era oportuna para vernos, para platicar... para no hacer nada... ahora no hay tiempo, al menos no para mi.
Comprendo que existen ocasiones en que necesitamos estar solos, poner en orden nuestras ideas, hacer algún tipo de introspección, pero supuse que existía la confianza para externarlo. Confieso que he llegado a creer que todo era una ilusión de mi parte, que nunca te agradó mi compañía, que los momentos que consideré divertidos, solo para mi lo eran, que tus sonrisas eran fingidas.
Por mi parte puedo decirte que todo fue sincero, y a la fecha lo sigue siendo, que respeto tu decisión de alejarme, pero no pienso que sea válido hacerlo así, como si nada pasara. Aunque no lo parezca puedo soportar la verdad por más cruda que sea... lo que no puedo soportar es que me mientas de esa manera. Si no pasa nada, entonces, siempre fui un cero a la izquierda.
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