Y es entonces que te das cuenta de todas las señales que durante años pasaste por alto. Señales que gritaban “aléjate, no le importas”, pero que con un simple lo siento de su parte, desaparecían y pensabas: tal vez exageré, y volvías a ser coprotagonista de la historia. Pero las señales volvían a aparecer con el paso de las semanas y volvías a espantarlas como moscas, buscando excusas para no verlas, y siempre las había y siempre decidías creerlas.
Pero entonces llega el momento en que te quedas sin nada, porque lo has dado todo, llega el momento en que aparecen las señales de nuevo, más fuertes , más dolorosas, y llegan para quedarse para recordarte que el destino no se cambia, que aunque creías reescribir la historia al final cada cosa encuentra su lugar y el tuyo no era ahí. Y ya no tienes nada a qué aferrarte porque las excusas ya se desgastaron, que ya no queda nada de dónde agarrarse porque te lo han quitado todo. No queda nada de aquella persona que creía escribir su historia, solo puedes recordarla y tratas de aferrarte a ese recuerdo que también se desvanece porque hace años que dejaste de ser esa personas,, te das cuenta que el hilo rojo se ha ido destiñendo hasta quedar en un rosa pálido que a nadie engaña. Y ganan los demonios, ganan la batalla y te ahoga el silencio, te atragantas de palabras que no dijiste, te golpean los sueños que no cumpliste y ya no quedan fuerzas para golpear paredes buscando la salida. Pero recuerdas que sólo tocando fondo puedes impulsarte para llegar de nuevo hacia arriba y te dejas caer esperando llegar al fondo ... y sigues cayendo ... y solo ruegas por llegar pronto ... pero nadie te dijo que existen los pozos sin fondo.